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Monday, August 29, 2005

Pintar las Novedades

El Blog de A continuación fue originalmente escrito para ser publicado el 26 de abril de 2004 en mi salida semanal a suscriptores de "Espejos y Música". También puede encontrarse en http://mi.verizon.net.do/mfgrullon/espejos.htm.

Una de las cosas que siempre me llamó la atención en mi niñez, es que semanalmente veía un pintor, escaleras de madera a cuestas, que se “gabeaba” para cambiar el título de las películas que se exhibían en algunos cines, que en aquel entonces todavía le decíamos “teatros”.


Los teatros “de antes” generalmente tenían unos asientos iguales a los del parque, donde cabían los “plus”, diferente a los asientos de hoy día que apenas cabe uno y el refresco. La mayoría no tenía techo y algunos exhibían dos películas diferentes la misma noche; lo que llamaban “doblete”.

Las películas había que darlas de noche en algunos de ellos, pues la luz del sol no era precisamente su aliado en el negocio. Si alguna noche llovía, la película seguía exhibiéndose sin importar que la gente se mojara. No sé para qué pepinos le daban a uno la mitad de la taquilla al entrar, si se supone que eso es un comprobante, en caso de que la función debiera ser suspendida.

La taquillera, generalmente mujer, sólo podía trabajar para un cine y siempre era una mujer de pocas sonrisas que se encargaba de aplicar la censura de rigor. Era la que te miraba y te decía: “No puedes entrar”, no tienes dieciocho. A pesar del paso de los años, sigo sin entender el porqué sólo pudieron entrar mis hermanos a ver una película con Jack Nicholson interpretando a un demente en “One Flew over the cuckoo’s nest”… ni modo, lo mejor del caso es que pudiendo haberla rentado hace mucho tiempo ya, le perdí el interés a verla. Sólo sé que el protagonista muere.

Mientras la taquillera era de contrato exclusivo, el pintor, por su parte, sin ningún prejuicio, podía ser el mismo que el del cine de enfrente. No importaba que hiciera los letreros de ambos, pero nunca lograba uno advertir si él tenía preferencia por uno o por otro. Pudiera decirse que en cada letrero ponía todo el empeño para que fueran particulares y diferentes.

Con unos pinceles anchos y manchados, cada semana presentaba un espectáculo diferente para anunciar a los amantes del cine las novedades que llegaban y ya habíamos visto en los avances, mejor conocidos como “trailers”.

Para ubicar mentalmente a algunos de ustedes, citaré primero, los nombres de los diferentes cines que mi memoria alcanza a visualizar del siglo pasado hasta 1980 y su ubicación aproximada en Santo Domingo, de manera que tengan una idea del tiempo y el lugar.

Trianón
Pintor: necesario.
Cerca del parque Braulio Álvarez y de la Iglesia San Pedro
Hoy 27 de Feb. Junto a lo que hoy es una estación de gasolina

Atenas
Pintor: necesario.
Frente al parque Herniquillo, Calle Ravelo
Particularmente importante porque allí me tomé el primer jugo de pera de máquina que había en un cine. Los jugos costaban unos diez centavos.
Asientos igual a los de parque y sin techo.

Montecarlo
Pintor: necesario.
Ubicado frente al Liceo Juan Pablo Duarte, Av. Duarte
Lugar donde vi más cambios, pues aparentemente en la semana exhibían dos películas.

Marlboro
Pintor: necesario.
Calle Manuela Diez, entre Hermanos Pinzón y Av. Duarte
Al aire libre. Asientos de parque.

San Carlos
Pintor: necesario.
No recuerdo la calle, pero era cine techado, en el Sector San Carlos, próximo al Recinto de UTESA de ese sector. Asientos: individuales.

Autocinema Iris
Pintor: necesario.
Ubicado en el Centro de los Héroes, sin asientos, especial para la entrada de vehículos, al aire libre, aunque algún peatón podía sentarse en unos pocos asientos que habían dispuesto para ello.

Estela
Pintor: necesario.
En la avenida Duarte, hoy se encuentra Plaza Lama allí.
De los pocos cines techados y con asientos individuales. Por supuesto el asiento se levantaba manualmente. Sin resortes. Hogar de Wang Yu y Bruce Lee, Kalimán, Sandro, Joselito, Leo Favio y todas esas películas donde las chicas exprimían las lágrimas de sus pañuelos, películas que constituyen en sí mismas la prehistoria de lo que hoy conocemos como “video clip”.

Coliseo Brugal
Pintor: altamente necesario.
Enfrente del Estela. Su modalidad eran los dobletes. Los vecinos que vivían en pisos altos se daban vida viendo las películas, sobre todo si eran subtituladas.
Hoy se aloja allí la tienda por departamentos “La Gran Vía”.
Asientos: de parque.

Elite
Pintor: necesario.
En la Av. Pasteur, frente a la funeraria “Savica”. Todavía estos terrenos aparentemente pertenecen a Telecentro, Canal 13.
Cine techado, aire acondicionado, de los más caros de su época.
Asientos: individuales.

Olimpia
Pintor: necesario.
En la Palo Hincado, próximo al parque Independencia. Al igual que el Elite, destinado a visitantes de altos ingresos.
Allí también estuvo un canal de televisión, en los años en que Johnny Ventura producía un programa (Cuanto Vale el Show?) donde se descubrió a Ángel Muñiz, hoy cineasta reconocido por sus trabajos.
Asientos: individuales.

Leonor/ Luego Lumiere/ Luego Colonial
Pintor: necesario.
En la Arz. Nouel, de la misma estirpe que los dos anteriores. Cambió varias veces de nombre… e imaginamos que de dueño también.
Asientos: individuales, aire acondicionado. Cuando se llamó Lumiere presentaban películas del estilo profundo de Stanley Kubrick, Woody Allen y otros, para los que también necesité una escafandra y chapaletas para entenderlas.

Capitolio
Pintor: necesario.
Asientos: desconozco el dato.
Ubicado justo frente al parque Colón, al lado del edificio de lo que fue el Banco de los Trabajadores.
De este cine conozco muy poco, pues fue eliminado antes de que tuviera edad de ir sólo a ver películas.

Rialto
Pintor: necesario.
Asientos: individuales.
En la bajadita de la Av. Duarte, llegando a El Conde, único cine en la capital con tres niveles para ver la misma película. Eso de los tres pisos fue muy popular entre los enamorados de la época. Sin comentarios.

Lido
Y hablando de enamorados…
Ubicado en la Avenida Mella. Dedicado exclusivamente a la proyección de películas eróticas.
Fueron sus éxitos: “Amor en la Mina”, “Amor a la bestia”, “Garganta Profunda” y “Hasta la última gota”. Nada qué agregar.
Pintor: necesario.

Apolo
A pocos pasos del Lido, pero dedicado a mentes, …digo bolsillos, de menor presupuesto.
Fue célebre porque algunos caballeros invitaban a sus novias a estos cines sin ellas saber de qué se trataba.
Típicamente, cuentan las malas lenguas, que en aquel cine era particularmente difícil caminar entre los asientos, pues el piso estaba ocupado por parejas.
Quien pueda desmentirlo, por favor nos avisa.
Pintor: altamente necesario.
Asientos: imagino que de parque. Quien pueda proveer el dato su esposa y yo sé lo agradeceremos.

Balani
Techado, con aire acondicionado
Ubicado justo al lado de lo que fue el paso a desnivel de la Av. Duarte con 27 de Febrero.
Las películas proyectadas aquí no eran necesariamente las más taquilleras, pero entre Karate y mejicanas, el público fluía con facilidad a ver “la niña de la mochila azul”.
Pintor: necesario.

Independencia
Pintor: necesario.
Actualmente se ubicó allí la nueva edificación de Telemicro, frente al parque Independencia.
Los estilos de película, igual al Estela y el Balani.
Asientos: individuales.

Max
Pintor: necesario.
Asientos: individuales.
El estilo de películas era muy variado, entre chinas, pre- video clips (de cantantes como Raphael) y muchas novelas mejicanas llevadas a la pantalla grande, como el caso de Angélica María, con “Muchacha Italiana viene a casarse” y también “El derecho de nacer”; o talvez películas en las que aparecía un actor famoso, ahora no estoy seguro de su nombre, creo que era René Muñoz, personificando a San Martín de Porres.
En la actualidad se congrega allí una iglesia protestante.

Diana
Pintor: necesario.
Asientos: individuales.
El aire acondicionado más frío del mundo!. Siempre que iba allí, terminaba con el dedo meñique congelado.
Aquí proyectaban películas de cualquier especie: acción, eróticas, mejicanas (escasas), terror, etc.
Siempre me causó mala impresión entrar por la Duarte y salir por una puerta lateral que daba a la Félix Maria Ruiz, una calle que fue eliminada para dar paso a una nueva vía de la Av. México. Era uno de los pocos cines de la zona que tenía dos pisos.
Actualmente en este lugar se reúne una congregación protestante. Sólo sé que dice un letrero afuera “Pare de Sufrir”.

Coloso
Pintor: necesario.
Asientos: de parque.
Ubicado cerca del mercado nuevo.
Nada qué comentar al respecto.

Doble
Pintor: no necesario.
Asientos: individuales.
De los primeros cines con asientos que bajaban con resorte. Imagino que mucha gente se cayó con lo que llevaba en la mano al momento de sentarse.
Fue una tremenda novedad y para los aspirantes a pillos era un desafío poder lograr ver las dos películas, burlando la vigilancia de los porteros. De los primeros cines donde echaban mantequilla derretida a las rositas de maíz.
Siempre me llamó la atención una película que duró años allí, semana tras semana: “La Maleta”.

Es broma, pues lo que pasaba era que el letrero de esta tienda de carteras y bultos se confundía con el del cine por lo cerca de ellos.
Allí aparecieron las películas de acción, terror, de todo, menos mejicanas… A propósito, allí fue donde me devolvieron para mi casa.

Triple
No hay mucho qué hablar del triple, pues con él se marcó una nueva etapa de los cines de múltiples salas. Primer cine donde vi que además de las gaseosas y las rositas de maíz, también vendían hot dogs (nada parecido a los que vemos ahora, rellenos con papas fritas, repollo y otros ingredientes). Con él comenzaron a aparecer el Cinema Centro, el “Triple Nacional” junto a la Agencia Bella de la Ravelo esquina Duarte. Una dura estocada para el Atenas y otros que también usaban los servicios del pintor, pues a partir de ese momento los letreros eran movibles con unas grandes piezas de color rojo acaramelado que se removían según se necesitara. Así se comenzó a extinguir el patrimonio de aquel trabajador de brocha fina y no tan fina. Vaya a él nuestro homenaje sincero. Es oportuno detenernos en el tiempo y hacer un minuto de silencio por esas brochas que descansan en algún rincón de la casa de algún abuelo que con una sonrisa en los labios cuenta a sus nietos la hazaña de mantener una familia haciendo letreritos.

Un abrazo, hermano pintor.

3 Comments:

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