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Wednesday, February 01, 2006

Protagonista: La Crema Dental

El Blog de a continuación fue originalmente escrito para ser publicado el 11 de enero de 2005 en mi salida semanal a suscriptores de "Espejos y Música". También puede encontrarse en http://mi.verizon.net.do/mfgrullon/espejos.htm.

Para estas líneas en esta oportunidad, me transporté a quince años atrás, cuando mi profesora de inglés conversaba animadamente con los pocos que ese día asistimos a clase en medio de una inclemente e incesante lluvia. Pedimos apagar el acondicionador de aire y nos dispusimos a hablar de cosas personales.


Nina, con acento británico, contaba que todos los días se molestaba con José porque él, en vez de apretar el tubo de crema dental desde la parte de atrás hacia delante, exprimía justo en medio, dejando un contenido difícil de usar por ella. Se malhumoraba tanto, que no podía evitar mencionar ese principal hecho como muestra de su falta de educación. Quizá estuvimos esperando que se quejara de ropa tirada por aquí y por allá, de zapatos y medias de olor fuerte, pero no, el objeto de su atención y de su rostro redondeado se matizaba de todos los colores al hablar del doblado tubo de la famosa “pasta de dientes” y de la tapita desaparecida en algún rincón del baño.

Me he puesto a pensar de qué manera estos simples elementos, entre muchos otros, pudieron dar al traste con una relación afectiva de seres que provienen de lugares diferentes, de familias diferentes, pero sobre todo con esquemas culturales no tan parecidos. Así que me dispuse a recopilar situaciones en que la crema dental es objeto de quejas. Aquí les van.

Al joven estudiante de la pensión, baño compartido, se le quedó el tubito de pasta en el cuarto de baño cuando salió de asearse, camino a la universidad. Lo recuerda en la tarde, pero al regresar al lugar, ya no está. Alguien lo tomó sin pedirlo. Prepárense para la averiguación.

La esposa se levanta después del marido, cuando va a lavarse los dientes se encuentra que el espejo del botiquín del baño está repleto de “estrellitas blancas mentoladas” dibujadas con las chispas de crema que brotaron de la boca de su marido. Te la dejan pasar una... y hasta dos veces, después, quien sabe.

Cuando estás en el supermercado, escoges para los niños la crema dental que trae consigo el llaverito o la promoción de temporada. Al otro día, cuando llega el momento de usarla, la niña sale corriendo del baño a quejarse con mami porque “pica mucho” o porque entró al carrito de compras la caja que traía la figurita de Mickey Mouse y no la de Piolín como ella pidió. Si es que la otra sabe a rayos, para salvar la situación los padres intentan que se cepille con la pasta de los adultos... ya saben, será otra historia para contar.

Al niño de la casa, que al cepillarse escupa en el lavamanos con la llave abierta, pues como le sangran las encías, la cerámica se está manchando.

Que no dejen caer crema dental al piso del baño, pues se mancha.
Que no mojes el cepillo, pues con la presión de la llave se le quita la pasta.
¿Quién se cepilló y dejó la pasta abierta? ¡No saben que se pone dura?!
¡Después que el cepillo tiene la pasta untada no se entra al vasito con agua!
¿Te fijaste que tienes pasta dental reseca en la corbata?
¿Qué es eso blanco que le cayó al pantalón del uniforme? ¿Pasta otra vez?


...Y como los gustos son tan variados y particulares, los expertos en Mercadeo proponen una variedad de presentaciones e ingredientes para complacernos a todos, sólo que justo cuando te acostumbras a un sabor o una línea en particular, no lo encuentras en góndola, pues resulta que el modelo no resulta rentable para la empresa o simplemente la marca no logró la penetración esperada.

Hagan ustedes la prueba. Intenten, sólo para ver las reacciones, meter en el carrito de compras una crema diferente a la de siempre, y luego me cuentan que pasó.

Sé que deben estar preguntándose por Nina hoy día, pues ya los tubos de pasta son bien flexibles y las tapitas vienen listas para abrir y difícilmente se pierdan a menos que decidas desenroscarla. ¿Ya notaste que el mundo cambia para mejor?, pues las personas también. Las empresas están embarcadas en producir una experiencia repetible en los clientes y provocar la difícil fidelización y la retención de una parte del pastel en este mundo competitivo. Es sólo cuestión de abrir los ojos y darnos cuenta de lo que verdaderamente necesitamos y qué nos podrá hacer sentir más complacidos al momento de escoger un producto por el que pagamos nuestro dinero.

Si están usando una crema dental que les satisface, qué bueno!, pero si aún sienten que lo que reciben no es suficiente, ¿qué esperan para cambiar de marca o modelo? No permitan que un detalle tan simple interfiera en la saludable interacción personal entre ustedes y quienes les rodean.
Construyan a su alrededor historias positivas para contar en base a la tolerancia y al ponerse de acuerdo. Seamos agentes de cambio. Armemos el rompecabezas humano con lo único que tenemos: Amor.

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